Carlos Alberto Clavo Rivero

Somos personas que buscamos hacer la diferencia, somos parte de una grandiosa comunidad, la comunidad del Colegio Guadalupe del Perú.

Carlos Alberto Clavo Rivera

Si bien es cierto que tenemos muchas historias que contar, la mejor que tenga que contar yo Adolfo Clavo Ochoa es la historia de mi padre, Carlos Alberto Clavo Rivera. El nació el xx de ss de 1913 en la provincia de Chota, en Cajamarca. Sus primeros años de estudios los cursó en su ciudad natal hasta la secundaria, que no la concluyó en Chota, sino que, por alguna razón no del todo clara para mí, tuvo que abandonar su colegio en dicha ciudad y trasladarse a la costa, específicamente a la hacienda Chiclín, en La Libertad, Trujillo. El siempre tuvo un temperamento alegre y rebelde por naturaleza, muy atento, despierto y sobre todo autodidacta, algo que lo distinguiría en toda su vida.

Vivió y estudio en Chiclín entre los años de 1929 y 1930 aproximadamente. El contaba que fue expulsado del colegio por problemas políticos, terminando la secundaria siendo mayor y ya a una edad madura ingresó a la Universidad San Fernando, a la facultad de medicina. Mi mamá contaba que mi papá hizo el trayecto de Chota a Trujillo a lomo de bestia. En Trujillo tenía que dar un examen para ingresar al colegio nacional y de allí terminar la secundaria.

Algo que caracterizó a mi padre es que siempre tuvo esa necesidad de aprender y eso lo convirtió en un autodidacta, se cuenta que en Chota no le habían enseñado álgebra en el colegio, estudiándolo por cuenta propia. Mi padre me contó como anécdota que en Chiclín le dieron la tarea de mantener limpio el sendero, cuando el capataz pasaba para hacer el control de los sembríos, muchas veces lo encontraba estudiando y no habiendo hecho la limpieza, el capataz sonreía y se iba de largo. Esto siempre lo contaba mostrando un tono de gratitud.

Como dije anteriormente, ingresó a la Facultad de Medicina en la Universidad San Fernando, donde hizo muchas amistades, pero descubrió finalmente que esa carrera no le satisfacía, orientando sus intereses hacia las matemáticas y la educación. Dentro de la Universidad San Marcos, dictaba metodología de la enseñanza de la matemática. Su inclinación por buscar los mejores métodos para educar a las personas encajó muy bien con la tendencia de la época, en la que el Estado promovía una educación gratuita de primerísima calidad, motivo por el cual muchos guadalupanos de esa época, hasta la actualidad, destacan.

Él era un fanático del trabajo en equipo, de la especialización profesional y de enseñarles desde pequeños a los alumnos la investigación. Mi padre, al iniciar su gestión en el colegio Guadalupe, heredó un excelente plantel de maestros, profesores y entrenadores, así como un buen grupo de auxiliares encargados de la disciplina. Aun así, trajo al colegio a profesores jóvenes como el profesor Enrique Namuchi, el profesor Franco, el profesor Carlos Pino, el profesor Lázaro, entre otros.

El incidente en Chota formó en él una simpatía muy grande por los muchachos rebeldes. Durante su gestión en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe, no hubo ningún conflicto entre los alumnos ni entre los profesores, porque él consideraba que había sido maltratado con su expulsión y, por ello, no quería hacer lo mismo con otros. Un rasgo muy fuerte de su personalidad era que nunca devolvía mal por mal. No le hacía a otros el daño que le habían hecho a él, ni les hacía a los principiantes lo que aquí llamamos “pagar piso”.

COMUNIDAD GUADALUPANA | CARLOS ALBERTO CLAVO RIVERA
COMUNIDAD GUADALUPANA | CARLOS ALBERTO CLAVO RIVERA

Adolfo Clavo Ochoa